El primer atropello de un coche autónomo es un atropello más

Coche de conducción autónoma de Uber

Era algo que iba a pasar antes o después pero la sensación es que todo el mundo, sobre todo quienes se muestran más reaccios ante esta tecnología, lo estaban esperando con más… impaciencia. Y es que por primera vez un coche “autónomo” ha atropellado mortalmente a una persona. Y todo el mundo espera ahora la respuesta que se puede producir ante una tecnología que aún está dando sus primeros pasos, que ha logrado con cuentagotas que se le concedan las primeras licencias para pruebas, y que sigue provocando desconfianza en bastante gente.

Y es que no hay ninguna duda de que este atropello hará que muchos señalen a la tecnología y su posible peligrosidad como culpable, pero en vez de quedarnos sólo con los miedos, y los titulares remarcando el “Atropello por un coche sin conductor” que se ganan por sí mismos el entrar en nuestra categoría Carne de Clickbait, busquemos qué se sabe del atropello.

El primer atropello mortal de un coche autónomo

Efectívamente así ha sido. Un coche autónomo de la empresa Uber ha protagonizado la peor noticia que podría desear la compañía, que su marca quede señalada como la del primer atropello a un peatón, durante una de sus pruebas de conducción. Provocando la muerte de Elaine Herzberg, de 49 años en Tempe, Arizona.

Las primeras noticias las transmitía el medio ABC15 y se replicaban en Twitter.

Poco después ha sido el propio CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, el que, retuiteando un mensaje de su propia compañía, ha admitido la fatal noticia siendo contestado automáticamente por quien ya buscaba culpables, ya fuera el fabricante o la propia Uber:

Y evidentemente que las culpas se dirigieran contra la propia tecnología en sí no se ha hecho esperar:

Sin embargo, fuera de alarmismos, y de titulares para ganar visitas, lo que se sabe es que el vehículo autónomo “sin conductor” sí llevaba conductor al volante, y que ni éste ni el sistema automático han podido evitar arrollar a la víctima que habría cruzado por un lugar sin paso de cebra.

Es decir, si se demuestran estos hechos, el atropello habría sido inevitable se tratara de un vehículo autónomo o no, mientras si no ha sido culpa del peatón será el conductor de seguridad, que está ahí para evitar esos fallos, quien deba asumir la culpa.

Sea como sea está claro que este accidente afectará directamente a la concesión de licencias para más pruebas de coches autónomos, y por ahora, mientras se efectúa la pertinente investigación por parte de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB), Uber ha suspendido sus pruebas de vehículos autónomos en Tempe, Pittsburgh, Toronto y San Francisco.

El largo camino para probar en condiciones reales los vehículos autónomos

Accidentes como el de hoy hacen más difícil todavía ganarse la confianza de entes públicos para obtener permisos de circulación de coches autónomos


Está claro que cualquier vehículo cuya idea es que no dependan de una conducción humana, pasa miles de horas en circuitos cerrados intentando que afronte todas las situaciones imaginables y se enfrente a todos los obstáculos posibles. Sin embargo sus pruebas de fuego son las que se realizan en un entorno real, donde los imprevistos se multiplican casi hasta el infinito. Pruebas que tienen que pasar por conseguir la aprobación de los organismos pertinentes.

Y en el caso de Uber ni han tenido el camino más sencillo, ni tampoco el más defendible.

Las pruebas de Uber en Tempe dieron comienzo en Febrero de 2017, pero antes la compañía había tenido que retirar su flota de California, donde el estado amenazó en Diciembre de 2016, unos días después de comenzar a ofrecer sus servicios, a la empresa con acciones legales al no haber obtenido el obligatorio permiso especial para vehículos autónomos. Uber finalmente preferió mudar su flota a Arizona en vez de sacar el permiso después de ignorar durante meses las advertencias como se descubrió después.

El miedo a lo que queda fuera de control humano

Si algo reúne la imagen de un vehículo autónomo es la fascinación al presenciar algo que casi escapa a nuestra comprensión porque hasta hace nada se consideraba poco menos que imposible, con el miedo que despierta cualquier máquina que parezca actuar por iniciativa propia sin contar con nuestro permiso. Y es algo a lo que todas las empresas que se han lanzado a la carrera del vehículo sin conductor (a las que habrá que dedicarle un artículo) se tienen que enfrentar.

Quizás la marca más conocida cuando se habla de vehículos autónomos (aunque aún no sea estrictamente correcto), es decir, que pueden circular (en teoría) sin conductor, sea Tesla, la compañía de Elon Musk. Y sin embargo justo esa compañía insiste en advertir que de momento su sistema es un asistente de conducción y no un piloto automático, y debemos llevar las manos en el volante, prestando atención a la carretera aunque el modo autónomo se encuentre conectado.

Aún así cuando un Tesla ha estado envuelto en una situación de riesgo en la carretera los titulares han llenado páginas, tanto para lo bueno, si el sistema era capaz de detectar un posible accidente, como para lo malo. Y el peor ejemplo sería el choque mortal el año pasado de un Tesla S en el que al final se demostró que el conductor no había hecho caso a las indicaciones.

Más reciente es aún el accidente con un Phantom AI durante las pruebas con los reporteros de TechCrunch, donde, a pesar de que vemos que un conductor de seguridad llevaba las manos al volante, y vieron con antelación el accidente, ni el piloto humano ni el coche pudieron evitar el choque.

La diferencia es que, si hablamos estrictamente de un coche autónomo sin conductor, de forma inconsciente, el no poder echar la culpa a alguien humano, sino a una “máquina” (un software en realidad), nos deja con la sensación de haber perdido el control.

Y ese temor es el que hace que otros medios de transporte, a pesar de haberse ido automatizando en gran medida, se siga incluyendo no sólo al conductor, sino el conocido Dispositivo de Hombre Muerto pensado para comprobar cada cierto tiempo que permanece al control un conductor humano, y frenando el vehículo si no hay respuesta, por ejemplo por un desvanecimiento.

Está claro que de momento la tecnología tiene que seguir avanzando hasta que veamos que se hacen realidad esas escenas de películas futuristas donde todos los coches nos llevan a donde les indicamos sin tener que poner las manos en un volante, o al menos hasta que todos los viajes transmitan esa sensación de felicidad y seguridad que nos intenta transmitir Waymo, pero no es menos cierto que los accidentes seguirán produciéndose.

Vía | ABC15 | Genbeta

Seth

Seth

Gatoflauta protestón incorregible, friki en mi tiempo libre, friki en mi tiempo ocupado, y a una cámara pegado. Android, privacidad, obsesiones tecnológicas y políticas, y escritura por desahogo. "Normal" sólo a veces.
Seth

Seth

Gatoflauta protestón incorregible, friki en mi tiempo libre, friki en mi tiempo ocupado, y a una cámara pegado. Android, privacidad, obsesiones tecnológicas y políticas, y escritura por desahogo. "Normal" sólo a veces.